
Psicoterapia integrativa: cuando el cuerpo también habla.
Como psicóloga, me encuentro a diario con personas que llegan a consulta hablando de ansiedad, agotamiento, tristeza o un estado de tensión continua. Muchas veces, estas experiencias se entienden como “problemas emocionales” o “mentales”. Sin embargo, limitar la comprensión de estos síntomas solo a lo psicológico es una visión incompleta, y en muchos casos, ineficaz.
Nuestro cuerpo y nuestra mente están en constante diálogo.
Lo que ocurre en uno, repercute en el otro. Y viceversa.
Los procesos fisiológicos —como la activación del sistema nervioso, el equilibrio hormonal o la respuesta inmunológica— tienen un impacto directo sobre cómo nos sentimos, pensamos y actuamos. De igual forma, nuestras emociones, nuestras vivencias pasadas y nuestro entorno también condicionan la manera en que estos sistemas funcionan.
Por ejemplo, un sistema nervioso que permanece en alerta durante mucho tiempo debido al estrés o la sobreexigencia, puede generar síntomas como insomnio, irritabilidad, dolores persistentes o fatiga. Pero también puede afectar al estado de ánimo, dificultar la concentración, o hacer que vivamos la realidad desde un filtro más ansioso o apático.
Del mismo modo, una persona que atraviesa un conflicto emocional profundo, una pérdida o una etapa de desconexión interna, puede experimentar alteraciones fisiológicas importantes: inflamación, bajada de defensas, trastornos digestivos, cefaleas, desregulación hormonal, entre otros.
Por eso, cuando hablamos de ansiedad, bajo estado de ánimo, estrés mantenido o condiciones que afectan tanto al cuerpo como a la mente, es necesario hacer una lectura más amplia. No se trata solo de “cambiar pensamientos”, ni tampoco de poner todo el foco en el síntoma físico. Se trata de comprender qué le está pasando a la persona en su conjunto: cómo está viviendo, cómo está su sistema, qué emociones no se han podido procesar, y qué sostiene el malestar en el presente.
Solo desde esta mirada integradora es posible una intervención verdaderamente eficaz y sostenible en el tiempo.
Trabajar desde esta perspectiva no significa aplicar técnicas complejas, sino escuchar al cuerpo, entender lo que está expresando y acompañar a la persona a reconectar con sus recursos internos. Porque muchas veces el síntoma no es el problema, sino el lenguaje a través del cual algo más profundo está pidiendo ser atendido.


